ENERGÍA Y SOCIEDAD
 

18. ¿Existe relación entre bienestar y consumo de energía?
El consumo de energía por habitante constituye uno de los indicadores más fiables del grado de desarrollo económico de una sociedad, algo que está íntimamente vinculado con el bienestar material. En este sentido, la demanda energética se asocia de forma generalizada con el producto nacional bruto de un país, con su capacidad industrial y con el nivel de vida alcanzado por sus habitantes.

Aunque desde ciertas perspectivas ecologistas se quiere negar la evidencia, es claro que existe una alta correlación entre consumo energético y toda una serie de magnitudes económicas, verificable tanto en el plano sincrónico como en el histórico. Desde la primera óptica se puede comprobar como un elevado porcentaje de la energía utilizada en el mundo es absorbida por los países desarrollados.

La correspondencia entre el nivel de vida y consumo energético se puede apreciar, asimismo, desde la perspectiva histórica, pues se pueden examinar las evidentes relaciones entre crecimiento económico e incremento de la demanda de energía. La explicación puede hacerse a través de los cambios estructurales que se suceden a lo largo de la historia económica de un país y, simultáneamente, considerando que dentro de las distintas actividades económicas existen enormes diferencias de consumo energético para obtener una unidad de producción.

Cuando un país empieza a avanzar por la senda del desarrollo su estructura económica se caracteriza por un predominio de las actividades primarias, a las que se unen algunas artesanales, por tanto su consumo energético es bajo. Iniciado el proceso de crecimiento, la industria aumenta en importancia, lo mismo que los transportes, sectores que, en general requieren gran cantidad de energía. A ello se une la creciente mecanización de todas las actividades económicas y el aumento del uso de energía en las economías domésticas, redundando todo en fuertes incrementos en el empleo de energía. No obstante, la mayor eficiencia técnica de las máquinas permite reducir progresivamente el uso de energía para iguales niveles de satisfacción material.

 

19. ¿Qué energías primarias se utilizan actualmente?
De todas las fuentes de energía aludidas en el capítulo anterior únicamente cinco se emplean de forma masiva y por este orden en el mundo actual: petróleo, carbón, gas natural, nuclear de fisión y energía hidráulica. Esto es algo importante a tener en cuenta por que, por el momento, son las únicas que pueden responder en cantidad, calidad y precio a las necesidades energéticas de la humanidad.

Sin embargo, existen otras también empleadas bajo circunstancias muy diferentes. Así, en el llamado Tercer Mundo y para cubrir las necesidades domésticas se emplean diversos tipos de biomasa (desde leña hasta residuos agrícolas). En algunos países se utilizan la energía solar y eólica para obtener pequeñas cantidades de electricidad; en Francia y Canadá existen sendas centrales maremotrices y en Islandia existe un aprovechamiento relativamente importante de los recursos geotérmicos. Todas estas energías primarias tienen hoy una relevancia muy escasa, en bastantes países puramente anecdótica.

  

20. ¿Por qué se producen sustituciones en el uso de las energías primarias?
A largo plazo, además de aumentar la cantidad de energía consumida, también se producen variaciones en su composición, al mortificarse la participación relativa de cada energía primaria en el total. En estos procesos de sustitución intervienen numerosos factores, como la tecnología, la disponibilidad de nuevos recursos y la aparición de consumos específicos.

A fin de centrar el tema pueden agruparse en cuatro puntos los diferentes factores, sin que el orden expositivo implique jerarquía o relevancia.

a) La mayor eficiencia técnica de unas energías primarias sobre otras. Esto significa que a igualdad de volumen o de peso, unas fuentes tienen mayor poder calorífico que otras, por lo cual resulta más atractivo y económico su uso.

b) La aparición de consumos específicos, que requieren un tipo determinado de energía, sin alternativas razonables.
c) Ventajas de limpieza, comodidad y facilidad de uso.
d) Diferencias relativas de precios.

 

21. ¿Qué es una crisis energética?
Se puede definir como un desajuste temporal entre la oferta y la demanda energéticas que se salda, de forma habitual, con fuertes incrementos de los precios de las distintas energías. Esto último se da, obviamente, en el caso de que la oferta sea superada por la demanda, supuesto desencadenante de la crisis desde la perspectiva de una nación importadora (como es el caso de los países del mundo occidental, en general, y de España en particular). Sin embargo, desde la óptica de un país explotador (caso de cualquiera de la OPEP), la crisis surgiría en el caso de exceso de oferta y de caída de los precios energéticos. Si se acepta este doble enfoque de crisis, es preciso reconocer que éstas son bastantes habituales en la historia económica contemporánea. No obstante, y por las razones apuntadas, la idea de crisis más generalizada es la primera.

El desencadenamiento de las crisis energéticas suele ocurrir cuando los tirones alcistas de la demanda -impulsados por el crecimiento económico- no van acompañados de incrementos paralelos de la producción, lo que se debe a la falta de respuesta de ésta a corto plazo ante el largo período de maduración de las inversiones para acrecentarla, pues transcurren varios años entre su comienzo y el momento en que se puede iniciar la explotación comercial del yacimiento o de las instalaciones de transformación.

El ajuste, vía precios, entre una demanda desbordante y una oferta incapaz de satisfacerla en cantidad y calidad constituye un mecanismo -aunque traumático- de reequilibrio, pues los altos precios precipitan una nueva oleada de inversiones en busca de nuevos yacimientos, nuevas fuentes de energía o nuevas técnicas de uso que, finalmente, restablecerán el equilibrio entre la oferta y la demanda a más bajos precios.

En definitiva, las crisis energéticas son bastante habituales y, en cierta medida, favorecen el progreso.


22. ¿Cuál fue el impacto de las crisis energéticas sobre la económica mundial?
Por su carácter paradigmático y por ser la más reciente (el conflicto del Golfo no supuso escasez de oferta y por ello no cabe considerarlo en sentido estricto como crisis energética) podemos centrarnos en la crisis energética iniciada en octubre de 1973 con la subida de los precios de los crudos y con restricciones de oferta aplicadas por los países de la OPAEP (Organización de los Países Arabes Exportadores de Petróleo), y alimentada por hechos similares en los años siguientes. Aunque los efectos fueron múltiples, algunos, por su relevancia, merecen ser destacados:
a) Se cerró un largo período de precios energéticos bajos y decrecientes y se abrió otro de precios altos y crecientes que duró casi un decenio.

b) El alza de los precios de los crudos -hecho desencadenante- fue acompañado de elevaciones     -algo menores- en los precios de otras energías primarias.

c) El carácter aleatorio e imprevisible de las alzas de los precios de los crudos, unido a su falta de relación con los costes de extracción, provocó graves incertidumbres a corto y medio plazo sobre la conveniencia de realizar grandes esfuerzos inversores, tanto para desarrollar nuevas fuentes energéticas, como para investigar los recursos de las ya conocidas, si se exceptúa, claro, el caso de los hidrocarburos.

d) Los países industriales, todos grandes importadores de crudos, vieron sus economías muy afectadas por el alza de precios. De entrada, sufrieron un grave quebranto en sus balanzas comerciales, pero, además, su crecimiento cayó en picado, a la vez que sus tasas de inflación llegaron a dos dígitos y se elevó el paro muy por encima de las cifras del decenio precedente.

e) Dadas las interdependencias existentes en la economía mundial, la recesión de los países industrializados no tardó en generalizarse al resto, sobre todo por la vía del comercio internacional, que experimentó una fuerte contracción.

f) Los países exportadores de crudos, como era lógico esperar, se vieron muy beneficiados, obteniendo enormes superávit en sus balanzas comerciales al aumentar mucho sus ingresos, casi exclusivamente basados en la venta de crudos. Las reservas de divisas que acumularon (pues a corto plazo apenas si aumentó su propensión a importar), colocadas en los principales centros financieros internacionales -Nueva York, y Londres- beneficiaron a algunos países desarrollados, pero sometieron a grandes tensiones al sistema financiero internacional.

g) Las alzas del precio de la energía, la inflación subsiguiente y las políticas de ajuste provocaron cambios en la división internacional del trabajo, pues mientras ciertos países perdieron competitividad y cuota de mercado, otros aprovecharon la situación al tener ventajas de especialización en sectores no intensivos en energía.

 

23. ¿Hay escasez de energía en el mundo?
Se trata de una cuestión controvertida sobre la cual existen posturas enfrentadas. El desacuerdo está, tratando de simplificar al máximo, tanto en los datos de base para el análisis, como en la propia valoración de los mismos.

El primer punto se concreta en la estimación de los recursos y reservas mundiales de energía, tema sobre el que es preciso hacer algunas puntuaciones previas. La primera estriba en que es preciso desdeñar la idea de que tanto los recursos como las reservas son algo fijo o constante. En lo referente a reservas esto es fácil de entender puesto que avances técnicos o cambios en los precios relativos pueden convertir parte de los recursos en reservas, aunque lo contrario también puede suceder. Sin embargo, en lo relativo a recursos esta idea casi nunca se tiene en cuenta y es fundamental, pues los recursos, efectivamente, pueden agotarse si se utilizan, pero, asimismo, pueden incrementarse como consecuencia de los trabajos de exploración minera que permiten descubrir yacimientos antes desconocidos. Esto último viene sucediendo de forma bastante frecuente en los últimos decenios.

La segunda puntualización es la relativa a los métodos de cálculo de recursos y reservas que pueden presentar resultados finales con una considerable discrepancia cuantitativa. Como no es este el lugar para discutir sobre las ventajas e inconvenientes de las distintas fuentes se opta por presentar los resultados de la estimación más aceptada, la presentada al XIII Congreso de la Conferencia Mundial de la Energía, que aparecen en el cuadro 4.

 

CUADRO 4
DISTRIBUCION DE LOS RECURSOS ENERGÉTICOS MUNDIALES POR ÁREAS ECONÓMICAS
(en Gtec)
 
Carbón
Petróleo
Gas natural
 Uranio
 Total 
 %
 Europa Occidental
 54,0
 4,3
 8,2
4,3
70,8
6,7
 América del Norte
 225,8
 6,0
 10,0
19,6
261,5
24,9
 Australia
 41,8
 0,3
0,6
11,4
54,4
5,1
 Europa Oriental
 47,8
 0,4
0,5
3,1
51,8
4,9
 U.R.S.S.
 174,2
 11,4
55,6
3,5
244,7
23,3
 Iberoamérica
 6,1
 17,3
 6,8
 4,6
 34,8
 3,3
 Oriente Medio
 --
 788,1
 33,2
 --
 111,3
 10,6
 Africa
 64,1
 10,7
 7,2
 18,2
 100,2
 9,5
 China.
 100,0
 3,6
 1,0
 3,6
 108,2
 10,3
 Resto Asia
 3,4
 3,4
 6,5
 1,0
 14,3
 1,4
 
 
 717,2
135,5
129,7
69,3
1051,7
100
Fuente: XIII Congreso de la Conferencia Mundial de la Energía (1989).
Como se puede apreciar en él, tomados en su conjunto los recursos energéticos con que cuenta la humanidad pueden evaluarse de relativamente abundantes, pues son suficientes para abastecer la demanda energética mundial durante más de un siglo, y esto en el supuesto, muy improbable, de que no se añadieran nuevos recursos al descubrirse yacimientos actualmente desconocidos. El plazo indicado parece suficientemente lejano como para poder rechazar las tesis apocalípticas que de forma más o menos periódica e interesada salen a la luz pública.

Sin embargo, el panorama optimista varía si del conjunto pasamos a las partes, pues, aunque las reservas de carbón y uranio son abundantísimas, las de hidrocarburos lo son bastante menos sobre todo las de petróleo, que resulta ser, desde hace más de un cuarto de Siglo, la energía primaria más utilizada. No obstante, el petróleo puede ser sustituido en bastantes aplicaciones -desde la calefacción a la producción de electricidad- por otras fuentes, como el carbón o la electronuclear.

Otra cuestión de interés es la relativa a la distribución geográfica de las reservas denominadas por grandes diferencias entre áreas y países. Así, América del Norte y la antigua URSS se reparten casi a partes iguales la mitad del total mundial, mientras que el Próximo Oriente alberga casi el 60 por 100 del petróleo y un alto porcentaje del gas natural. Por el contrario, Europa (excepto la URSS) es pobre en recursos energéticos, sobre todo en lo referente a hidrocarburos, aunque dispone de abundante carbón.

En definitiva, nuestro planeta cuenta todavía con recursos energéticos suficientes para continuar abasteciendo durante al menos medio siglo consumos similares a los actuales. Aunque desde la perspectiva económica el plazo parece no preocupante, para algunos puede parecer demasiado breve.

 

24. ¿Por qué debe ahorrarse energía?
Las reservas y los recursos energéticos no son ilimitados, aunque sean relativamente abundantes. Desde el punto de vista económico son bienes escasos (no son bienes libres, como el agua o el aire) y, por tanto, su uso debe ser racional, evitándose el despilfarro. Esto implica que debe extraerse el máximo aprovechamiento de la energía empleada, evitándose pérdidas innecesarias en la extracción, manipulación y transporte, utilizando técnicas y maquinas eficientes, y para el consumidor final, imponiendo precios disuasorios que penalicen el derroche y la dilapidación. Con ello, sin afectar al nivel de vida, se logrará prolongar el máximo las reservas y los recursos actualmente disponibles, encaminando la transición hacia nuevas energías de forma moderada, evitándose así situaciones traumáticas con elevaciones desmesuradas de los precios, reflejo, en la mayoría de las ocasiones, de escaseces relativas.